sábado 25 de junio de 2011

Más fotos mías en la red

Estaba yo comprobando en Google alguna cosilla sobre la página de mi porfolio, cuando me he encontrado por casualidad con un par de fotos mías de las que vendo en Fotolia. Y una de ellas es precisamente la foto que más éxito tiene de entre las que tengo a la venta, y la verdad es que hasta ahora nunca había visto ninguna página en la que la hubieran utilizado. Es curiosamente una de las primeras fotos que subí a la página de stock, y también es de las primeras que hice con la cámara réflex, allá en el verano de 2008 durante nuestro viaje a Londres. Me gusta cómo quedo, pero me sorprende que sea la que mejor se vende. Alguna vez he pensado que puede ser porque siendo una foto decente, no se ve la cara de ninguno de los guardias, y quizá eso ahorre problemas legales... La página en la que la han utilizado es la versión alemana del MSN, y aparece en la sección de economía y empleo, en un artículo sobre gente a la que han despedido por descuidos en Facebook, como a un guarda del Palacio de Buckingham que parece que insultó a Kate Middleton.

Guardias del Palacio de Buckingham en MSN Alemania

La otra foto que he encontrado también me ha sorprendido bastante, sobre todo por la página en la que la he visto. Es una foto de las montañas que rodean las Cuevas de Valporquero, donde estuvimos a finales de 2009. Pues curiosamente la foto aparece en una página de viajes encabezando la descripción del Parque Nacional Calilegua, que está nada menos que en Argentina... Qué más quisiera yo que haber estado en Argentina para poder tener fotos de lo que sea que hay allí, pero no ha podido ser de momento. Y el caso es que las fotos que he visto del parque en cuestión no se parecen mucho a la montaña leonesa, la verdad, pero ellos sabrán...

Montaña de Valporquero como si fuera Argentina

viernes 24 de junio de 2011

Sal y azúcar

La mayoría de los que me leéis habitualmente ya lo habréis visto, pero esta semana he estrenado un pequeño sitio en el que mostrar algunos trabajos de los que he hecho durante el máster. En realidad llevaba tiempo queriendo hacerlo, pero entre la carga de curro que tenemos y la pereza crónica siempre lo iba dejando. Ahora nos pedían algo así de cara a las entrevistas que tendremos dentro de poco para repartir las prácticas del máster, así que me he decidido y he querido hacer algo un poco más personal que la cuenta de Behance. Eso sí, la descripción más completa y con más imágenes de cada proyecto sigue estando allí.


En realidad se trata de algo provisional, y aunque intentaré ir mejorando las muchas cosas que todavía no me gustan (ayer cambié por ejemplo la aburrida sección "Sobre mí" por una pequeña presentación Flash), el proyecto que tenemos que hacer para diciembre es un porfolio en línea, así que éste ya tiene fecha de caducidad desde antes de nacer.

El nombre del dominio tiene varias razones detrás. La primera es que los veintisiete que se me ocurrieron antes ya estaban cogidos, y tampoco quería utilizar www.enriqueherrero.com porque ya existe uno .es que se dedica además a espectáculos y audiovisuales. En una asignatura de diseño web nos pidieron que pensáramos en alguna metáfora o concepto creativo sobre el que hilar la web, y a mí se me ocurrió que podría hacerlo sobre la cocina, un mundillo que también me gusta mucho. Al fin y al cabo, la cocina y el diseño tienen muchos puntos en común, empezando por la libertad creativa que le dan a uno las herramientas y los ingredientes de que se dispone en cada caso. De ahí quizá lo de "sal y azúcar", porque me gusta mezclar un poquito de aquí y un poquito de allí, algo dulce y algo salado...

Y aprovechando el tirón he ampliado mi presencia web hasta límites insospechados, y además del perfil profesional en Behance y el porfolio, también he recuperado la presencia en Linkedin (aunque todavía no acabo de verle la gracia) y he creado una cuenta en Twitter, aunque mientras no use Internet en el móvil no sé cuánto uso podré darle. Eso sí, no tengo intención de usarlo como Twitter personal, así que si no queréis leer cosas de mi trabajo, de diseño, etc., mejor que ni me sigáis.

jueves 23 de junio de 2011

Cenaza india en Swagat

Mecagüen la leche. Mira que lo intento, pero creo que ya vuelvo a ir con retraso y a deberos una, ¿no? Bueno, hoy al menos traigo una entrada de vida social, y nada de trabajo. Y es que la semana pasada tuvimos a mi hermana y una amiga suya de visita en Madrid, y aprovechando que el lunes teníamos fiesta Vanesa y yo nos fuimos con ellas a cenar a algún sitio nuevo.

Hacía un par de meses que habíamos probado un indio de Lavapiés que nos habían recomendado, y la semana pasada acabamos por casualidad en otro, esta vez cerca de Avenida de América. Y si me hablaron del Bombay Palace como el mejor indio de Madrid, no sé qué voy a decir de Swagat, porque salimos los cuatro mucho más que encantados. ¡Qué gozada de cena!

Interior del Swagat
Interior del restaurante

Lo primero que nos sorprendió fue el sitio en sí, porque no nos parecía que pegara mucho entre las callejuelas de las traseras de Francisco Silvela. Casi nos dio hasta un poco de miedo el hachazo que podría venir acompañando la cuenta, porque el aspecto del restaurante es bastante más fino que por ejemplo el de su primo de Lavapiés, y los camareros van impecablemente vestidos con camisas indias muy elegantes.

Lo siguiente que nos llamó la atención fue la excelencia del servicio. Más allá de que fueran rápidos o no (yo diría que lo justo: sin agobiar y sin hacer esperar), fueron sobre todo amabilísimos. Al pedir nos aconsejaron sobre la comida sin que ni siquiera les preguntáramos, no fuera a ser que no supiéramos lo que estábamos pidiendo (cualquiera diría que me conocían de algo, je, je), y con cada plato nos explicaban muy bien de qué constaba, mientras lo servían con mucho mimo plato por plato. Nuestro miedo a la factura seguía creciendo, claro está.

Uno de los platos de carne del Swagat
Uno de los platos de carne del Swagat

Obviamente lo que más cuenta en un restaurante es la comida, y ahí tampoco se quedaron atrás. Estuvo todo para chuparse los dedos, y no lamimos los platos porque ya digo que el sitio parecía fino. Empezamos compartiendo un plato de samosas ("empanadillas crujientes rellenas de patata y guisantes") que nos sorprendieron mucho, y otro entrante de cuyo nombre no me acuerdo pero que también estaba muy rico. Mientras lo preparaban nos sirvieron además unas obleas (creo que nos dijeron que estaban hechas de alguna legumbre) con tres tarrinas de salsas espectaculares: una de mango, otra de yogur, y otra bastante picante. Poco me faltó para comerme las salsas a cucharadas. Desde luego eran mucho mejores que las tres que nos sirvieron en el Bombay Palace, una de las cuales era por ejemplo una vinagreta con poquilla gracia.

Los cuatro platos principales que compartimos también fueron todo un éxito. Aunque las salsas no eran en este caso muy distintas de las de otros indios que he probado, la carne sí estaba en este caso muchísimo más tierna. Dos de los platos eran además trozos de pollo que nos trajeron ensartados en un pincho enorme que meten directamente al horno, y quieras que no le daba otra gracia al asunto. Creo que el murgh makhani ("pollo a la mantequilla", o algo así) fue de los que más triunfó. Acompañamos los platos con una ración de pan naan relleno para contentar a Miriam, y aunque poco tenía que ver con el que ella se esperaba, lo devoramos enseguida.

El toque dulce a la comida lo dimos primero con la bebida, pues pedimos todos batidos naturales de mango y yogur. Estaban deliciosos y eran considerablemente grandes, lo que no viene mal si se arriesga uno con alguno de los platos picantes. Desde luego sabían a batido natural.

Los postres que pedimos para terminar
Los postres que pedimos para terminar

Con tanta comilona estábamos ya bastante satisfechos, pero visto el espectáculo culinario al que estábamos asistiendo, no quisimos irnos de allí sin probar los postres. Compartimos un kulfi (helado de pistacho y dulce de leche), una copa de helado de mango impresionante y con una textura genial, y un gaijar halwa, un original postre caliente de zanahoria que me supo a gloria. De hecho, la zanahoria frita me quería recordar a algo que ya había probado, pero no conseguía acordarme de qué era...

Al final, sin cortarnos un pelo a la hora de pedir, tocamos a cerca de 30 € por cabeza, que desde luego para mí barato no es. Y eso es lo único que hará que no repita mucho mientras mi situación económica sea la que es, pero desde luego es un sitio muy recomendable para los amantes de la cocina india y para alguna ocasión especial. Si no, siempre queda la opción de recurrir al menú del día que también ofrecen, por 13 €.

viernes 10 de junio de 2011

Simon says...

Estaba yo rebuscando en el baúl de los recuerdos entre mis archivos de la universidad cuando me encontrado con esta pequeña reliquia Flash que os dejo debajo. Es un juego que programé para una asignatura de aquellas de libre elección en la que dimos un poquito de Flash y ActionScript. Qué tiempos aquellos... Así que a falta de una entrada mejor, al menos os dejo con algo para entreteneros un minuto y medio ahora que tan de moda están los minijuegos de la cabecera de Google.

domingo 5 de junio de 2011

Parque Europa

Hace ya unas cuantas semanas de aquello, pero aprovechando una tarde bastante despejada allá por mayo nos fuimos a dar una vuelta al Parque Europa de Torrejón de Ardoz. Lo primero que tengo que decir es que no me pareció que estuviera especialmente bien señalizado el camino hasta allí, así que recomiendo apuntar bien la ruta antes de coger el coche para ir hasta allá. Pero el caso es que al final conseguimos orientarnos y gracias a la intuición más que a la señalización llegamos después de atravesar la localidad madrileña.


La Puerta de Brandeburgo recibe a los visitantes a la entrada del parque

El parque se ha construido hace bien poquito en lo que antes era un solar de naves abandonadas y escombros, y me parece una forma estupenda de recuperar y rehabilitar un espacio así para el disfrute del público. Su nombre se debe al hecho de que se encuentren allí representados hasta 17 importantes monumentos de las principales capitales Europeas, como la Puerta de Brandeburgo que da entrada al recinto o el minúsculo Manneken Pis que también anda por allí. Es una especie de Poble Espanyol a la europea, y también tiene una plaza en la que se muestran construcciones típicas de la geografía española.


La Torre de Belém fue uno de los monumentos que más me gustaron

En general creo que las reproducciones a escala están bastante bien logradas (al menos las que yo conocía personalmente). No están construidas en cartón piedra, sino con materiales de construcción de verdad que les confieren un aspecto mucho más realista. Además, el parque en sí es también bien bonito para dar un paseo y hacer unas cuantas fotos, y entre los muchos jardines discurre un río que alimenta un pequeño lago, una cascada y varias fuentes artificiales.


Esta cascada nace en el lago sobre el que se alza el barco vikingo

Desde el punto de vista logístico, me sorprendió muy positivamente que no hubiera que pagar nada por la entrada, y las máquinas expendedoras de bebida que hay por todo el parque tampoco son excesivamente caras. En la plaza de casitas españolas hay además un par de bares con terraza en los que se puede tomar algo disfrutando de una buena vista sobre todo el recinto. También hay una zona habilitada como merendero, aunque debo decir que aquel día estaba considerablemente guarra con restos de envases y comida por todas partes, lo que demuestra una vez más que cerdos y retrasados los hay en todos lados.


También a la Fontana di Trevi de Torrejón arroja la gente monedas

En resumen, a mí me pareció un sitio agradable para pasar una tarde cualquiera cerca de Madrid. Obviamente no haría doscientos kilómetros de coche solo para visitar el parque, pero para quien viva por la zona es una alternativa curiosa para cualquier ratillo de ocio.